domingo, 10 de septiembre de 2017

El tren salvavidas - Para los viernes creativos




En tu vida se concentran otras muchas vidas. Demasiadas para un hombre solo. Un exceso de momentos que desearías olvidar. Por esa razón, cuando todos esos momentos y esas vidas se convierten en un lastre, en un peso difícil de soportar, tomas un tren. Uno cualquiera, el primero que salga de la estación, no importa el destino.
Llevas en la cartera una fotografía en blanco y negro. Un niño y una niña sonrientes sentados sobre una caja de madera en un vagón de tren. Dos criaturas inocentes, que miran hacia fuera mientras en tren se pone en marcha. Y dicen adiós con la mano a alguien que no recuerdas.
Se sientas junto a la ventanilla. Las de ahora están siempre cerradas, imposibles de abrir. Normas de seguridad. No puedes subirte al asiento y aflojar la parte superior para que descienda el cristal. Da igual. En cuanto el tren inicia su camino, escuchas el traqueteo de las ruedas sobre las vías, cierras los ojos y acaricias la fotografía. Respiras hondo. Una corriente tranquilizadora recorre tus venas. Al abrir los ojos el paisaje es el que tú quieres ver desde tu mirada infantil. Los olores, los sonidos, las voces. Cuando la carbonilla se cuela en tus pupilas, lloras. Tus vidas desaparecen, los momentos se evaporan. El tiempo retrocede. Reconoces esa sensación como lo que llaman felicidad.
Cuando el tren se detenga y llegue a su destino, permanecerás en tu asiento. Después tomarás otro que te devuelva a tu vida para recuperar al hombre que habita en el discurso vacuo y en la mentira que te ayuda a sobrevivir en el mundo que has elegido. 


2 comentarios:

  1. Describes muy bien esa sensación de volver a la infancia que nos invade cuando subimos a un tren. Como es lógico, no he vivido lo de la carbonilla. De vez en cuando necesitamos parar y conectar con el niño que llevamos dentro.

    Un abrazo.

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  2. Lo de la carbonilla yo lo he vivido, pero es normal, te llevo unos cuantos años de diferencia. Me sigue gustando ir en tren, ver el paisaje deslizarse. Otro abrazo

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