TRIBULACIONES DE UN SICARIO- PORTADA Y RESEÑAS



El arte de la literatura


¿De qué trata tu Obra? El libro narra la vida  de Anselmo de la Rua, un pobre hombre rico, y su conversión en sicario ya que, arruinado y sin saber en qué trabajar es lo único que encuentra. Este trabajo le hará concienciarse de la futilidad de su vida, ayudándole a reencontrarse consigo mismo, transformándose en la persona que tenía que haber sido. La novela está narrada en tono de humor negro, con dosis de intriga, celos, historias familiares y personajes un tanto descabellados.
¿Cómo surgió la idea del libro? A partir de una noticia leída en un periódico comentada con un compañero de trabajo.
¿Para quién escribes? Para nadie en concreto. Escribo porque me gusta.
¿Cómo ves la situación de la literatura en la actualidad? Hay mucha calidad y mucha mediocridad. No todo lo que se considera grandes obras lo son ya que muchas de ellas sobreviven por encima de otras gracias a la publicidad y a las grandes editoriales que las respaldan.  La literatura se ha convertido en un negocio donde priman las ventas por encima de la calidad.
¿Tienes un blog en Internet o foro en internet  en el que hablar con tus fans? Sí. Tengo dos. Uno de ellos – Liter-a-tres, es compartido con dos amigas que también escriben y el mío propio: Ad-Libitum .
¿Cómo ves estas herramientas (foros, blog…) aplicadas al mundo literario? Muy útiles y muy interesantes, sobre todo para los escritores noveles. Creo que es nuestro mejor apoyo.
¿Qué proyectos tienes para el futuro? Tengo una novela ya escrita y en una agencia editorial a la espera de que las cosas mejoren un poco. Y otro libro de relatos cortos, igualmente a la espera. Y sigo escribiendo.
¿Cómo es tu proceso creativo? Algo complicado si tenemos en cuenta que no me dedico a ello. Escribo cuando puedo, mientras tanto tomo notas en la libreta que llevo en el bolso y, generalmente, el fin de semana intento desarrollar la idea.
¿Te atreves a dar algún consejo a algún escritor novel?  Que si confía en su obra que no desespere, que tenga paciencia, que no se desmoralice ante las negativas, que siempre son unas cuantas y siga escribiendo y leyendo.


Reseña Perdida entre libros


Este es, ante todo, un libro divertido. Una lectura para olvidarnos de los problemas que nos rodean y dejarnos llevar, entre sonrisa y sonrisa, por las tribulaciones de Anselmo de la Rúa, una especie de aprendiz de sicario por necesidad, que se embarca en una aventura que cambiará el curso de su vida y le hará mejor persona. Elèna Casero demuestra con esta novela que es una hábil escritora, capaz de crear personajes entrañables y situaciones hilarantes que encandilan al lector, hasta hacerle devorar una tras otra las páginas de una obra que se lee con verdadero disfrute.

"Era el veintitrés de agosto. Mediodía de domingo. Estaba sentado en el alféizar de una ventana del claustro de la Colegiata de Santa Cecilia. Desde allí podía dominar el mundo, toda la vieja ciudad, con sus casas achatadas, que se extendía ante mis ojos como un racimo de uvas pasas. Era una hermosa vista y, sin embargo, bien diferente era lo que yo presentía. Me asustaba tener que tomar las riendas de mi vida después de tantos años de dejarme llevar por las olas del destino. Aquella vista tan magnífica era para mi el fin del mundo."

Este es el comienzo de la historia. En estas palabras Anselmo nos revela cómo va a cambiar su personalidad a raíz de su decisión de formar parte de una banda de sicarios. En efecto, uno de los logros de la novela, según mi punto de vista, es el cambio experimentado por el protagonista a lo largo de la misma. Cómo se va abriendo los ojos a una realidad, la de su vida, a la cual no había mirado de verdad hasta entonces. Anselmo pasa de ser una especie de sombra, sin capacidad de decisión, a convertirse en una persona con las ideas bastante claras y con autonomia para tomar sus propias decisiones.

Anselmo procede de una familia adinerada venida a menos, y una serie de infortunios le han hecho perder todo lo que poseía y tener que marchar a vivir a una humilde pensión. Ante el temor a verse completamente arruinado, decide aceptar la proposición de un compañero de la pensión de entrar a formar parte de una banda de extraños matones, que tienen en común la característica de ser enfermos terminales, por lo que no tienen nada que perder en el caso de ser descubiertos. La víctima de esta banda, a la que Anselmo debe seguir día y noche para asegurarse de confirmar sus hábitos de vida, es un hombre rico, dueño del museo de la ciudad que, casualmente, se ubica en la mansión donde Anselmo pasó su infancia. A partir de aquí, se encadenan los acontecimientos que harán de Anselmo una mejor persona y le llevarán a descubrir la verdadera historia de su familia. Junto a él, nos encontramos otros personajes curiosos, como Doña Celia, la dueña de la pensión, o Antonio, otro inquilino que ayuda a Anselmo en sus pesquisas, que resulta ser el personaje más cómico -y también inverosímil- de todos.

Ciertamente me ha gustado la novela. Me ha sorprendido su naturalidad y frescura, su estilo directo, sin grandes pretensiones literarias, que se agradece de vez en cuando como un soplo de aire fresco entre los sofocos provocados por otras lecturas más densas. Creo que está bien escrito y que, además de ser fácil de leer, cumple uno de los fines primordiales de la literatura: entretener y divertir al lector. Una lectura muy recomendable ahora que los días se vuelven más grises y el tiempo empieza a enfriarse. Déjense sorprender por esta historia; les aseguro que no se arrepentirán.






La espada oxidada
Seguramente Elena Casero no lo sepa porque había mucha gente en el evento de La Clandestina, pero estuve en la presentación de su libro "Tribulaciones de un sicario". No es la primera vez que la veía. La otra ocasión fue cuando Mariano Vega, Belén y otros blogueros presentaron "Blogs de papel", también de "Editores Policarbonados", una pequeña editorial que cuida al máximo sus obras y se nota el cariño y la profesionalidad que le ponen a la edición, desde la portada hasta la última página, como si fueran artesanos, como el trabajo de orfebre hecho a mano. La primera vez que vi a Elena hablando en público me pareció una mujer inteligente y apasionada que además es músico, y todo eso lo compagina trabajando en una multinacional. Pero lo que me dejó de piedra es que desde pequeños compartíamos un sueño, pese a nuestra diferencia generacional. El único sueño de verdad que he tenido en mi vida y que nunca se cumplió. Ir a unas Olimpíadas y entrar en la meta con los brazos en alto y recoger la medalla en el podio llorando a moco tendido mientras suena el himno. Pero ella también acabó escribiendo. La coincidencia me hizo esbozar una sonrisa entre la multitud. No la he visto sobre la pista de atletismo, pero sí he podido comprobar cómo tira millas sobre el papel con "Tribulaciones de un sicario". Si hubiera Olimpíadas de novela corta se llevaría una medalla, seguro. Anselmo, el protagonista principal, está muy bien construido. Es un personaje que no trata de ser gracioso, pero que me recuerda al disparatado protagonista de Eduardo Mendoza en "El misterio de la cripta embrujada" o "El laberinto de las aceitunas". Igual que en estos libros, el protagonista tiene una misión incierta, y acuciado por las deudas de quien tuvo y no retuvo por venir de una familia "bien", se alista en una banda de sicarios enfermos terminales en la que ninguno es lo que parece. Anselmo descubre algo sobre su propia vida que da un giro a su existencia. Además hay otros ingredientes, como un amor no valorado hasta que surgen las dificultades, toques de humor esperpéntico protagonizados por un profesor de instituto y dosis de intriga. Un esquema clásico escrito con un lenguaje con regusto costumbrista (pero no antiguo, ojo) que te mantiene en vilo hasta la última página. "Tribulaciones de un sicario" es un libro magníficamente escrito por una escritora a la que se le nota el oficio. Ni una palabra de más ni de menos. Los adjetivos justos, con un lenguaje fluido que no cae en la trampa de la ornamentación estéril. Elena hace una carrera de 173 páginas y llega a la meta victoriosa. Desde la grada del estadio de lectores, le mando una sonrisa cómplice. Nunca es tarde para cumplir un sueño.




La casa de Nerea


La república cultural


Elèna Casero forma parte de los novísimos autores que tienen mucho implante en la Red, dando como resultado encuentros más que interesantes entre editoriales y autores, como en este caso, entre Editores Policarbonados y Casero. Si bien ya había publicado anteriormente con Mira Editores su novela "Tango sin memoria" y "Demasiado tarde", así como un buen número de relatos cortos para dicha editorial.
Para mi ha sido una agradable sorpresa sumergirme en su último trabajo, Tribulaciones de un sicario, obra, que confieso, me ha entretenido como antaño lo hacían los vodeviles o sainetes más castizos. Elena Casero plasma con cierta economía expresiva, lo cual es de agradecer con la última fashion de farlopio ultramodernista que chulea una prosa harto mareante y vacua, y mucha amenidad una historia de autoexploración interior y aventura exterior. Es decir, anuda la autora una novela en la que el personaje, un ricachón venido a menos, llamado Anselmo y que vive y vivió toda la vida en un pueblo pequeño y tranquilo, analiza su vida pasada y presente, en medio de unas circunstancias extraordinarias, lo que le lleva a descubrir más de un hallazgo consigo mismo y con referencia a su familia. Con una escritura natural, fresca, dividida la novela en capítulos cortos que evitan el atragantamiento verborreo, se desvela el poder sugerente de cada paso andado por Anselmo en sus tribulaciones y sus descubrimientos.
En una concepción más bien clásica, con un fuerte aroma costumbrista, algo que a mi personalmente me gusta para situar mejor a los personaje y su ambiente, y para fabricar la película en mi cabeza. Pues como de un guión cinematográfico se tratara, Casero a hilvanado una historia en la que pareciera sea el lector el autor de lo narrado, confiriendo a la narrativa una temperatura muy humana. Esto, a veces, produce la sensación de que en Tribulaciones de un sicario las escenas se suceden como una suerte de falta de plan, como si salieran directas a la improvisación, pareciéndoseme mucho a la forma en que las cosas se suceden en la vida real. Así ocurre, hasta casi el final, cuando Casero ha forzado un poco la máquina y ha ideado cosas, a mi parecer, un tanto rocambolescas y fantasiosas que se descuelgan de la naturalidad que venía exhibiendo el relato hasta ese momento: por ejemplo alguna actuación de Antonio, el amigo que ayuda a Anselmo a salir del embrollo en el que se mete por aceptar un trabajo (debido a su falta de dinero) de sicario por el que debe vigilar todos los pasos de la persona a la que van a aniquilar. Resulta poco creíble que un profesor de Instituo, normal y corriente en principio, se pasee por el mundo con unos potentes somníferos en el bolsillo que ayuden a dejar KO a dos molestos moscardones de la pandilla de sicarios.
En todo caso es un mal menor que no le quita gracejo a la aventura de leer esta entretenida novela, e ir descubriendo como Anselmo tiene un alma tierna y humana, que demuestra la grandeza de una vida sencilla entre los pechos de su casera, una Doña Celia que adivinamos absolutamente Felliniana. Un hombre de buena cuna venido a menos por el tiempo, sin saber muy bien en realidad el por qué, que habita en una variopinta pensión: “La sala, que al mismo tiempo, era el comedor, quedaba en el extremo opuesto de las habitaciones de los huéspedes. Ahí quedó todo. Don Cosme y yo seguimos conversando. Eran cerca de las ocho de la tarde, no tardarían en llegar la señorita Ramona, bibliotecaria y soltera para siempre; Antonio, maestro del Instituto Raimundo Naval (un tarambana simpático) y Afrodisio, jubilado y viudo. Todos nosotros éramos los fijos de la pensión…”. Un hombre que acepta su suerte, y que se ensimisma un poco en su existencialismo del nunca pasa nada. Quizá esa sea la razón, además de la económica, de aceptar un trabajo de sicario para una tal Rita y un tal Matías, que lideran un grupo de enfermos terminales con el propósito de hacer justicia a su manera. Aunque la nueva profesión de Anselmo no le requiere mancharse las manos de sangre, pronto comprenderá que no está hecho para esto…
Elèna Casero se apega a sus personajes, los hace sólidos, clásicos, nos recuerdan los de Benito Pérez Galdós, en su faceta más costumbrista y espiritual. Aunque el marco temporal es difuso y los escenarios, confieso, que también, eso los hace más heterogéneos y adaptables a cualquier época y cualquier lugar. En estos tiempos de imbecilidad reinante, una lectura de este tipo nos sitúa en la solidez de lo literario de antaño.




Revista Alenarte
El Oficio en la Escritura: Elena Casero. Por: Alena Collar.
Decía estas primeras palabras, entre otras cosas porque  la calidad no la dan las cifras de ventas ( véase Coelho) ni el aplauso generalizado de las masas de gente aborregadas por un sistema de difusión absolutamente corrupto; solo se lee lo que se dice que se debe leer, y el autofagocitamiento del sector va a terminar por asesinar con donosura y presteza cualquier intento de sacar la cabeza de la rueda del “te publicito para que tu editorial me coloque el anuncio, te edito para que tu empresa  de comunicación  hable de mi editorial”.  
En España hay cuatro editoriales que se meriendan no solo la guinda del pastel editor, sino el pastel entero, las migajas, los restos que quedan en la mesa y hasta rebañan los platos vaya a ser que se dejen algo. Pero eso no quiere decir que muchos de los libros que editan tengan ni oficio ni calidad.
Y éste, Tribulaciones de un Sicario, de Elena Casero publicado en una editorial pequeña-Policarbonados-,  tiene ambas cosas.
Es un libro que cualquier crítico importante y serio, o sea, nada que ver con quien firma este articulo, llamaría de evasión. Pertenece claramente al género de intriga policiaca, en la línea de, por ejemplo, Eduardo Mendoza por el humor que transmite, de Chesterton – estoy pensando en El Hombre que fue Jueves, como un posible antecedente-, por la finísima ironía de su conclusión, o de Mateo Díez en La Fuente de la Edad por el costumbrismo y la forma de situar la historia que entre sus páginas transcurre.
Es heredero de la mejor tradición de la novela de intriga europea; una narración de corte “clásico”, en el sentido de planteamiento, nudo y desenlace, en la que Elena ajusta cada capitulo de forma que el lector tenga no solo interés sino casi manía persecutoria por saber qué va a suceder.
Elena Casero describe muy bien situaciones, personajes, ambientes y acciones; distribuye hilos de suspicacia para enganchar a sus lectores, destila naturalidad a la hora de enfrentar desarrollos narrativos y, lo que es mucho más importante, consigue hacer de su novela un relato absolutamente creíble.
Para eso hay que tener oficio, hay que saber cómo se construye una novela, hay que conocer cómo se engarza un argumento, no hay que resbalar en la descripción de ambientes y sobre todo hay que mantener los pies en la tierra de la escritura para que el lector pueda volar a través de ella en vez de cerrar el libro desconcertado.
Todo eso lo consigue la autora,  sin marketing previo pero con una calidad literaria indiscutible.


Anselmo de la Rua es un hombre que desciende de una adinerada familia. Las circunstancias le llevaron a la ruina económica y ahora vive en una pensión regentada por doña Celia, una mujer que le proporciona todo lo que necesita. Sin embargo, se siente en la obligación de encontrar trabajo y un compañero de la pensión, Ernesto Rubiales, le pone en contacto con un grupo de sicarios liderados por Matías, un anarquista de ideas radicales. Los miembros de este grupo tienen una circunstancia en común: todos son enfermos terminales, así que Anselmo finge estar también enfermo y consigue que lo acepten en la organización. Le encargan seguir a un hombre que dirige un museo y que vive en la que fue la antigua mansión de la familia de Anselmo.

Yo era un sicario de poca monta, sólo un hombre común al que la necesidad le había empujado a replantearse la vida, a enfrentarse a ella desde la barbarie. Alguien, personas a quienes yo no conocía, había preparado el atentado hasta el último detalle. Yo era, simplemente, el último eslabón de una cadena cuyo principio desconocía.

Y así va avanzando la historia, deambulando en pos de las circunstancias, como Anselmo tras el hombre al que vigila y que le llevará, de un modo inevitable, hasta su propio pasado. Jugará un papel importante en la trama otro de los huéspedes de la pensión, Antonio, maestro de instituto y con quien el protagonista vivirá cómicas situaciones.

Un libro ameno, ideal para llevarse de vacaciones y pasar un rato entretenido, escuchando esa voz narradora que nos transporta, con un punto socarrón, por una intriga bien urdida y divertida.




Me asustaba tener que tomar las riendas de mi vida después de tantos años de dejarme llevar por las olas del destino”, declara Anselmo de la Rúa apenas empieza a relatarnos sus tribulaciones como sicario. Una declaración que revela un alto nivel de autoconciencia, adquirida, sin duda, a lo largo de su extraña aventura.
Elena Casero  nos relata la historia de Anselmo y su sorprendente conversión en sicario, obligado por las circunstancias. El por qué este hombre ya cuarentón, perteneciente a una ilustre familia venida a menos, se ve envuelto en una red delictiva, es algo que se desvelará a lo largo de las páginas, información sabiamente administrada por la autora. Elena Casero sabe mantener el pulso de la intriga, dosificar la información de modo tal que la historia avanza sin que se produzcan momentos de vacío y sin que quede mermada la curiosidad del lector. Amor, celos, desazón, inquietud, secretos, son ingredientes que se entremezclan en la trama y dan volumen y solidez a los personajes.
Más allá de los dispositivos propios de la intriga, Tribulaciones de un sicario  es la historia de una transformación. Con una prosa cuidada y ágil, precisa, que se lee con facilidad y tiene el ritmo adecuado, la autora nos muestra la metamorfosis moral de Anselmo, su (tardío) pasaje a la edad adulta.
Con esta novela que busca no sólo entretener, sino también reflexionar sobre las consecuencias de la ignorancia de sí mismo y del poder sanador de la verdad, Elena Casero se revela como una escritora de raza y deja a sus lectores a la espera de sus próximas publicaciones.







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