jueves, 9 de marzo de 2017

PRESENTACION LUNA DE PERIGEO - LIBRERIA BARTHLEBY




CRÓNICA DE LA PRESENTACIÓN DE "LUNA DE PERIGEO", de Elena Casero Viana, editado por Enkuadres. Librería Bartleby, Russafa, martes y 13 de diciembre de 2016.
Me ...pongo a escribir esta crónica justo después de escuchar un discurso feminista de Madonna. Comienzo con tres hombres montados en un coche sin la ITV pasada. Esos tres tipos somos Sergi Martínez, editor de Enkuadres, Toni Espinar y yo, de camino a la librería Bartleby, donde Elena Casero Viana va a presentar su sexto libro, “Luna de perigeo”. Y quizá diga lo de sexto no tanto para recrear sonidos de bombo y platillo, sino para escribir una frase que empiece así: “Elena Casero Viana es una escritora a quien le han publicado seis libros y no es un hombre al que le han publicado seis libros…”. Valencia estaba a oscuras y en las calles ya había luz cuando llegamos a Bartleby. Dentro vi a Elena, entre esa luz amarilla y llena de libros que suele haber por las tardes en su interior. Faltaba media hora para que comenzara el evento y ya había gente esperando. Toni, Sergi y yo nos fuimos a tomarnos una al bar de enfrente. Todas las buenas librerías tienen un bar enfrente. Y estando allí, cerveza en mano, apareció Mariano Zurdo, editor de Talentura. Mariano vive en Madrid. Mariano se había subido a un autobús para estar en la presentación de Elena. Mariano era una sorpresa, sobre todo para ella, pero también para mí, y para las hijas de Elena, que lo vimos en la calle, un lugar en el que las sorpresas son un poco más sorpresa. Aunque el grito ocurrió dentro de la librería, con Elena firmando libros (sí, antes de que empezara la presentación ya había gente haciendo cola). Elena estaba abrazada a un boli y a un libro mientras escribía un par de líneas a mano, y creo recordar que Mariano dijo algo en voz alta y ella levantó la cabeza y durante medio segundo no creyó lo que estaba viendo, hasta que un grito suyo le dijo que sí, que allí plantado estaba su amigo y el hombre que más la ha publicado en este mundo. Ese momento trajo más cervezas y más vinos, gente que acudía a la cita, que iba llenando de rostros el espacio de luz amarilla y de libros. En instantes como este uno puede sentir que está cerca de comprender algo extraordinario. A todos nos habrá pasado. Pasó. Y fue sobre ese estado de ánimo desde el que abrimos la presentación. Gente sentada, gente de pie. Gente mirando hacia Elena. Gente esperando que hablase de su libro. A Elena Casero le ocurre lo mismo que a Elena Garro, que sus libros no necesitan de fajas de ningún tipo para que el lector se entere de su calidad literaria. Basta con leerla y escucharla. Elena suele hablar como si estuviera en su casa junto a más gente, como si esas personas con las que está tuvieran su cariño. Tal cual. Por eso le dije un par de días antes que mi labor en la presentación iba a consistir en eso: hacerla hablar. Elena cuenta que tiene sesenta y dos años y nos lo creemos. Pero dice cualquier otra cosa, y lo mismo. Elena habla de literatura como si hablase de lo que hay bajo la piel de su brazo izquierdo. Habla de la escritura como si mirase en un microscopio los glóbulos rojos. Y a mí me fascinó ver cómo las personas que estaban en Bartleby le prestaban esa clase de atención que no es solo atención (les pasaba hasta a las cámaras de fotos). José Luis Sandín leyó con tono sosegado unos cuantos micros y Elena se puso seria y rió, o al revés, unas cuantas veces. Yo le hice preguntas. Y durante un buen rato no hubo paredes ni huecos ni estanterías a nuestro alrededor, sino personas que habían ido a estar al lado de Elena. Hay frases incómodas, que a veces se tienen que escribir y leer en voz alta para ver si dejan de ocurrir: Elena es una mujer a quien le han publicado seis libros y no es un hombre al que le han publicado seis libros, por lo que cuesta dios y ayuda encontrar una entrevista suya en Internet. Y eso que Elena, cuando le preguntas algo, te dice las cosas como son. Elena es de barrio y es de pueblo, y tienen no sé cuántos mundos en la cabeza… Con esto se me entiende, ¿no? Luego hubo más firmas, más cola hasta la puerta. Hubo más luz amarilla y más libros. Más copas de vino y más dedicatorias. Mientras ocurría todo esto, me acerqué una cuantas veces a besar a mi hijo, que andaba por allí con sus cinco años y su suéter verde con la camiseta interior saliéndose por debajo. También hubo manos que se posaron sobre la barriga que guardaba otro hijo esperado para el 16 de diciembre, Ferran, el primer nieto de Elena. Seguramente, en el séptimo libro de Elena Casero Viana haya una dedicatoria para él.











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